Docentes Autoconvocadxs piden ser escuchadxs

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El grupo de docentes no se siente representado por Utelpa y, a través de una carta piden ser escuchadxs. Consideran que este regreso profundizaría las desigualdades en cuanto a la salud, lo social y lo pedagógico sosteniendo que lejos de garantizar aprendizajes, esta vuelta aumentará el riesgo de nuevos focos de contagio.

«Somos un grupo de docentes autoconvocados que necesitamos que se escuche nuestra voz. El martes 18 los directivos y docentes nos enteramos por los medios que el Ministerio de Educación había resuelto la vuelta inconsulta a clases. Decían haber consensuado, pero los equipos de gestión manifestaron lo contrario: que una vez mas estaban avanzando sin tener en cuenta lo que nos pasa a quienes día a día ponemos el hombro, el oído, la palabra, el corazón en las aulas, si, porque las aulas siguen estando, improvisadas en cada hogar, cada teléfono personal disponible las 24 horas, cada computadora personal al servicio de la educación, educación gestionada desde escritorios que pareciera que poco conocen sobre desigualdades, que pregonan derechos de la boca para afuera. Este grupo de docentes necesitamos que de una vez por todas se escuche nuestra voz, ya que no nos sentimos representadxs por la actual conducción de Utelpa».

«Desde el inicio, la continuidad de las clases sin presencialidad, desde la virtualidad, se relacionó al poder cuidarnos, así lo tomamos las y los docentes y asumimos dignamente esa responsabilidad, debatiéndonos entre el enseñar y el aprender, en una situación de gran complejidad en todos los aspectos: desde lo tecnológico y desde lo personal, porque también estábamos aisladxs y atravesadxs por lo que estaba ocurriendo a nivel epidemiológico. Sin embargo, realizamos esfuerzos económicos para estar a la altura de las circunstancias en cuanto a tecnología, aprendimos a usar herramientas de un día para el otro, como pudimos, casi en soledad».

«En este primer semestre fuimos las y los docentes quienes sostuvimos la educación desde nuestros hogares, garantizando las propuestas y acompañando a las familias desde la virtualidad. Muchas veces nos preguntamos sobre el rol de los gremios y el Estado para garantizar el acceso a la educación a los sectores más desprotegidos al enterarnos que, por ejemplo, había un celular viejo para 5 hermanitos o familias que tuvieron que vender su único celular para poder comer. Donde no hay computadoras, quizás un solo celular, y demás está aclarar que no hay conectividad. Cuando no se podía llegar desde la virtualidad, compañerxs docentes han ido a entregar las tareas personalmente, siendo testigxs de situaciones de vulnerabilidad, poniendo la oreja a situaciones que excedían su rol».

«Es quizás por esto que esta noticia tan acordada, tan cerrada, tan inesperada y plagada de contradicciones que hace referencia al inicio de las clases un 14 de Septiembre nos llena de interrogantes al pensar en la educación de una manera integral, que sostenga prácticas pedagógicas y de cuidado en una situación de pandemia como la que estamos atravesando».

«Consideramos que este regreso profundizaría las desigualdades que ya están viviendo nuestrxs estudiantes. Volver al aula en este momento implicaría un gasto económico que pesaría sobre algunas familias que ya están siendo castigadas por la situación de pandemia y económica. Proponemos, en cambio, asistir a esas familias de estudiantes desvinculadxs pedagógicamente, brindándoles las herramientas tecnológicas necesarias, para poder revincularse desde lo virtual, como sus compañerxs, asistirlxs desde lo social a través del ministerio que corresponda y poder acompañarlxs desde otro lugar, cuidándonos».

«Cuando hablamos de regreso progresivo a esta altura del año, además de profundizar la desigualdad, se está atropellando el trabajo docente realizado y sostenido durante todo este tiempo. Consideramos que al vínculo pedagógico logrado hay que sumar, no restar. La igualdad no se logra con algunxs estudiantes en casa y otrxs en la escuela. Eso también vulnera derechos. Estamos pasando por un momento único en la historia. Las y los docentes también tenemos familia, también tenemos miedo. Somos profesionales y fundamentalmente personas. Y como tales, pedimos respeto».

«Nos preguntamos si este regreso estará planteado con la misma desprolijidad con la que fue anunciado. En este contexto de improvisaciones ¿estarán garantizadas las condiciones sanitarias? Si quienes confeccionan los protocolos, desconocen la dinámica y naturaleza de un aula ¿Cómo pueden garantizarnos condiciones de cuidado? ¿Cómo nos acercaríamos a explicar? ¿Corregir? ¿Señalar un error? Construir desde una cercanía fría y distante, y solo para algunxs, es peor que acercarnos desde la virtualidad. Tal como expresa Carlos Skliar (2020) nos preocupan los niños/as, las condiciones de trabajo en un escenario donde el cuidado nos convoca: “La invasión en estos tiempos críticos de recursos, formas, estrategias, diseños, herramientas, buenas prácticas (todos ellos afiliados a la idea de la virtualidad) es una preocupación que resulta insoslayable. ¿Qué queda de los espacios físicos de roce, de fricción, de gestualidad, de corporalidad en fin- en donde el enseñar y el aprender se sostenían en vínculos de olor y sabor?”»

«Sostenemos que lejos de garantizar aprendizajes, esta vuelta es de cotillón, no solo corremos el riesgo de que nuevos focos de contagio nos hagan volver todo para atrás, dejando a nuestros estudiantes en peor situación en cuanto a la salud, lo social y lo pedagógico, sino también, como dijimos antes, de profundizar aún mas las desigualdades que ya existen. Esperamos que por una vez en la historia, atendiendo a la gravedad de las circunstancias, se nos escuche a quienes sostenemos el sistema educativo que somos nadie mas y nadie menos que las y los docentes».

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