El genocidio de la última dictadura cívico militar tiene en La Noche de los Lápices uno de sus episodios más horrendos y significativos del odio y la brutalidad con que se trato a toda una generación comprometida con la idea de una sociedad mas justa e igualitaria. La represión ilegal –comandada por el jefe de la Policía Bonaerense, coronel Ramón Camps, y comisario Miguel Etchecolatz– consideraban enemigos a las y los trabajadores junto a estudiantes universitarios y secundarios de la ciudad de La Plata.
La noche del 16 de septiembre de 1976 se inició un operativo conjunto de efectivos policiales y del Batallón 601 de Ejército para capturar a 9 jóvenes que tenían entre 16 y 18 años.
Sus nombres son Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro, Emilce Moler, Pablo Díaz y Patricia Miranda. Eran integrantes de la Unión de Estudiantes Secundarios, y su «pecado» reclamar por el boleto estudiantil secundario gratis.
Fueron conducidos al centro clandestino de detención «Arana», donde se los torturó durante semanas, y luego se los trasladó al Pozo de Banfield. La mayoría de los jóvenes tenía militancia política en la Unión de Estudiantes Secundarios, agrupación estudiantil encuadrada en el peronismo de izquierda, y en la Juventud Guevarista, rama juvenil del Partido Revolucionario de los Trabajadores de tendencia marxista-leninista. Muchos de ellos habían participado, durante la primavera de 1975, en las movilizaciones que reclamaron y obtuvieron el Boleto Estudiantil Secundario.
Moler, Díaz y Miranda recuperaron la libertad tras permanecer varios años entre cautivos y detenidos, en tanto los seis restantes permanecen desaparecidos.
«Nuestra militancia la llevamos adelante con menos de 30 años, algunos menos de 20. Y nadie nos identificaba como “jóvenes”. Así que nunca fui joven: primero fui “imberbe”, luego “subversiva”, después “presa política”. Y después ya fui “vieja”. “Desde el momento que me identifiqué, más que sobreviviente, como ex detenida desaparecida y decidí contar lo que viví para que se sepa, transité mi vida con el dilema de avanzar en lo cotidiano, de construir mi futuro, pero también de no olvidar, cuenta en su libro Emilce Moler.
En mayo de 1998, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires estableció por ley “la fecha del 16 de septiembre, en conmemoración a ‘La Noche de los Lápices’, como ‘Día de los Derechos del Estudiante Secundario’.”