A propósito del 𝙥𝙖𝙧𝙤 𝙥𝙧𝙤𝙫𝙞𝙣𝙘𝙞𝙖𝙡 𝙙𝙤𝙘𝙚𝙣𝙩𝙚 de este 4 de diciembre 🥼
Quienes trabajamos en las escuelas atravesamos cada día una realidad que se vuelve más compleja: aumento de situaciones de vulnerabilidad, crisis sociales que golpean a las familias y una demanda creciente hacia la institución escolar que excede su función pedagógica. Esta no es una situación aislada; se repite en escuelas de todos los niveles y de toda la provincia.
Frente a esto, necesitamos expresar con claridad algo fundamental: la escuela está asumiendo responsabilidades que no le corresponden, mientras se reducen o se debilitan las políticas públicas que deberían acompañar a la infancia, la adolescencia y a las propias instituciones educativas.
La escuela sí tiene responsabilidades esenciales, y las asumimos con convicción: enseñar y garantizar el derecho a la educación ;cuidar y acompañar, desde el vínculo pedagógico; observar y detectar señales, derivando cuando corresponde; sostener rutinas y normas, siempre con respeto y criterio formativo; orientar a las familias, dentro del marco escolar; construir climas institucionales de confianza, que favorezcan el aprendizaje.
Éste es el corazón de la tarea docente y escolar, y lo sostenemos incluso en contextos adversos.
Pero también es necesario decir qué 𝙣𝙤 𝙚𝙨 𝙧𝙚𝙨𝙥𝙤𝙣𝙨𝙖𝙗𝙞𝙡𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙚𝙨𝙘𝙪𝙚𝙡𝙖 𝙣𝙞 𝙙𝙚 𝙨𝙪𝙨 𝙩𝙧𝙖𝙗𝙖𝙟𝙖𝙙𝙤𝙧𝙚𝙨:
-No somos equipos de salud ni podemos reemplazar esta atención y/o tratamientos.
-No podemos asumir funciones de protección integral que corresponden a áreas estatales específicas.
-No somos servicios sociales ni podemos suplir la ausencia de políticas territoriales o comunitarias.
-No podemos ser el único “lugar de contención” cuando se desarman o se fragmentan los dispositivos que deberían acompañar a niños, niñas, adolescentes y sus familias.
-No podemos responder solas/os a situaciones de crisis que requieren intervención profesional, especializada y sostenida.
Cuando se obliga a la escuela a cubrir sectores enteros del Estado, ocurre lo que estamos viendo: docentes y equipos agotados, instituciones desbordadas y estudiantes que no reciben la atención integral que necesitan.
La pregunta que debemos hacernos como comunidad es:
¿qué corresponde a la escuela y qué debe garantizar el Estado a través de sus organismos especializados?
¿Dónde están las redes necesarias para sostener lo que queda fuera del marco pedagógico?
Defender la educación implica reconocer estos límites.
Defender la tarea docente implica fortalecer el sistema, no cargarlo con lo que no puede ni debe asumir.
Las y los trabajadores de la educación seguimos comprometidos con enseñar, acompañar y crear condiciones de aprendizaje dignas. Para eso necesitamos que cada organismo estatal cumpla su parte, que haya articulación real entre áreas de salud, niñez, desarrollo social y educación, y que la comunidad entienda que cuidar la escuela es una responsabilidad compartida.
También necesitamos salarios dignos que reconozcan nuestra tarea y nos permitan vivir dignamente.
𝗣𝗮𝗿𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝙙𝙚𝙛𝙚𝙣𝙨𝙖 𝙙𝙚𝙡 𝙩𝙧𝙖𝙗𝙖𝙟𝙤 𝙙𝙤𝙘𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙮 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙡𝙞́𝙢𝙞𝙩𝙚𝙨 𝙣𝙚𝙘𝙚𝙨𝙖𝙧𝙞𝙤𝙨 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙘𝙪𝙞𝙙𝙖𝙧 𝙡𝙖 𝙚𝙨𝙘𝙪𝙚𝙡𝙖.



