Vamos por algo

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Por Ezequiel Kosak

 Supongo que todes conocemos a doña Florinda, la mamá de quico. Una señora que recomienda a su hijo “no juntarse con la chusma”, que ve en don Ramón un vago despreciable y no un desempleado que se las rebusca como puede, que se cree más que sus vecinos por poder pagar la renta (gracias a una pensión). Pero bueno, aunque se empecine en disimularlo, la realidad es que vive en la misma vecindad que el chavo.

 Rafael Ton vio en la actitud de doña Florinda un “síndrome” que afecta a nuestras clases medias. Son incapaces de sentir empatía con los pobres que merodean por su cuadra, los consideran mala influencia, sobre ellos siempre sospechan lo peor. En cambio siempre se muestran cordiales y serviciales con la gente de plata, que sí les merecen respeto –como si tenerla fuera la prueba de que nunca van a robar.

 Me parece oportuno reflexionar sobre el tema, ya que el martes -¡por fin!- va a discutirse en el congreso el aporte que las grandes fortunas debieran hacer en este momento económico tan delicado – y tal vez siempre, aunque eso todavía no esté en discusión.

 Un aporte que ni siquiera pagaría el señor Barriga –a menos que, además de los alquileres en la conocida vecindad, tuviera un edificio para renta de cinco pisos, un Audi 0km y una camioneta BMW 4×4, una mansión propia y una quinta de fin de semana, más un millón de dólares invertidos en bonos, como grafica el periodista Alejandro Bercovich.

 Apenas el 0,02% de la población tiene semejante riqueza acumulada, y nadie les preguntará cómo la hicieron – levantando la pala seguro que no. La idea simplemente es que, sin dejar de ser multimillonarios, compartiendo lo que para ellos sería un vuelto, financien la urbanización de barrios populares, becas para estudiar en la universidad, insumos médicos para nuestros hospitales, créditos para ayudar a pequeñas y medianas empresas. Y el fracking, que es un puñal al medio ambiente, pero bue: con tanta pobreza*, ese temita de los terremotos, el calentamiento global, la contaminación de regiones enteras, es un mal menor.

 Después de quemarles los ranchitos a miles de familias sin techo, de versearnos con que los jubilados ganarán más mientras le dan la bienvenida al FMI, de suspender el ingreso de emergencia como si la pandemia hubiera acabado, viene bien que el peronismo proponga aprobar la tan promocionada contribución extraordinaria, aunque sea para disimular que volvieron peores.

 Y como no faltarán “representantes” que en nombre de doña Florinda califiquen como un atropello que se le cobren más impuestos a quienes les sobran cuentas off-shores, estaría bueno que las izquierdas nos concentremos en dar esa discusión: de cómo nos toca a nosotros/as alguna vez cobrarles a quienes todos los meses nos la vienen cobrando, para que en nuestra vecindad don Ramón consiga un laburo con derechos y no necesite esconderse o inventar excusas; para que el chavo compre su emparedado y no duerma en un barril; para que quico no sea el único con pelota para presumir y juegue con quien le dé la gana; y que doña Florinda pueda seguir trabajando en casa sin que le recorten su pensión.

 *Fe de erratas. Donde dice “pobreza”, debe decir “enormes deudas truchas que quienes gobiernan están obstinados en pagar sin siquiera investigar su provecho y legalidad”.

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